BUSCANDO EL RESTAURANTE (Y EL CHICO) PERFECTO

No me preguntes porqué me hallaba el otro día en una comida con uno de esos pedantes que se definen foodies – no diré cual –  que dedicados por una cosa o por otra a este mundillo del buen comer, te pasan a relatar la ristra de restaurantes que tú en el fondo ya conoces esperando que como en un concurso de la tele digas a uno que no y resulte que es como si no supieses quien ha escrito El Quijote porque te estás perdiendo el mejor establecimiento del nuevo siglo, intentan adivinar los condimentos de la receta sin acertar ni uno, devuelven su plato a cocina porque está frío (cuando el plato en realidad es frío, y por mucho que se lo explique el camarero, no entra en razón), llaman a todo restaurante canalla, su comida tiene rock n roll y  ponen puntuación hasta la hamburguesa del McDonnals, “disculpe, señorita, la McPollo, la quiero punto más”.

Digo que me hallaba en dicha reunión social con semejante rara avis fuera del confort de mi hábitat natural, cuando de repente, en un alarde de originalidad y empatía, y después de que dicha especie en extinción llevase una hora hablando sólo, me hizo partícipe de su monólogo, surgiendo la pregunta fácil de “y hablemos de ti Mapi, ¿cuál es tu restaurante favorito?”.

Es de esos momentos en los que te la juegas a todo o nada, y puedes dejarle con la boca abierta, pasar del respeto a la admiración y contarle que estuviste en unas cavernas a las que tardaste en llegar 12 horas entre valles y montañas, todo el producto era natural y se comía con la mano. O que viajaste allende de los Pirineos a un asombroso restaurante de cocina de autor, donde degustaste 50 platos durante una interminable comida de 4 horas, los camareros recitaban en forma de poesía la una extensa descripción minuciosa y al detalle de cada plato, el chef era más alquimista que cocinero y más que a un almuerzo hubieses asistido a un espectáculo de David Copperfield.

Pero también es de esos momentos en los que puedes quedar mal, perder el poco interés que tenías y que habías alcanzado con un par de chascarrillos del sector, y contestar a lo Gracita Morales con un simple “Pues no tengo”. Vamos, lo que contesté yo, para que nos vamos a engañar a estas alturas, aún principiante en esto de la socialización gastronómica, con la consecuente imagen de que era más simple que el asa de un cubo.

Y sí, ratifico aquí y tras una densa reflexión sobre esta pregunta en el fondo no tan banal que me ha perseguido incansablemente desde entonces, que para mí, no existe restaurante perfecto, o en todo caso y por darle al que quizá exista un voto de confianza, yo no lo he encontrado. Desengaños. Y digo más, que habiendo tenido la oportunidad de comer en alguno de este tipo, como NOMA en Copenhague, mejor restaurante del mundo hasta el año pasado, o DIVERXO en Madrid con sus tres estrellas Michelin a cuestas, y apreciando la experiencia y deite que conllevan más allá de sus constatadas meritocracias, lamento desilusionaros porque no podría afirmar que para mí sea ninguno de ellos mi “restaurante ideal”.

Y es que pienso que en la búsqueda del establecimiento idílico ocurre como con las parejas. Cuenta Yoriento (recomendable blog, aprovechando la coletilla) que alguien le preguntó a un hombre interesante y apuesto que seguía soltero a los 60 años que si no había encontrado la mujer perfecta. Respondiendo afirmativamente, le volvieron a preguntar, “y entonces, ¿qué pasó?” a lo que apostilló, con tristeza, “¿Que podía hacer? Ella estaba buscando el hombre perfecto…”.

No quiero decir que no exista el hombre perfecto (cosa que empiezo a poner en duda dicho sea de paso), pero lo que está claro que no existe es el restaurante perfecto, aunque sí, perfecto para una determinada ocasión. Y dado que esta semana pasada ha sido de lo más gastronómica y no me he dedicado que a otra cosa que a conocer nuevos restaurantes, con el único ahínco de encontrar solución a la pregunta, aquí os detallo alguno de mis descubrimientos, perfectos cada uno para una ocasión diferente, y todos ellos complementarios, sirviendo la comparativa y a riesgo de perder lectores, como el sexo masculino:

 

TABERNA MARCANO (C./ Menorca, 19 // Tel. 91 409 36 42)

Comencé mi semana con una comida informal es este establecimiento fresco y perfecto para un encuentro con mi amigo de profesión José Luis, dedicado al periodismo como yo y que siempre me recuerda que en esto de la comunicación, lo que realmente importa, y en definitiva, es ofrecer buenas historias. Tal es el caso de la personalidad que se esconde detrás esta humilde taberna, reflejo de la consagrada experiencia de su modesto y afanoso chef, David Marcano. Este cocinero, tímido pero  a la vez vivido y cosmopolita, años atrás trabajó en Arzak o Goizeko Wellington, y tras viajar por Japón o Francia abrió hace un par de años este establecimiento a orillas de El Retiro para deleitarnos con una carta siempre en evolución y cambiante, escrita a mano y en la pared.

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Su oferta se centra en el producto de calidad y en una cocina de autor con toques asiáticos y algunas combinaciones sorprendentes a precio de calle. David nos recomendó, explicándonos que su secreto estaba en gran parte en los largos procesos de cocción lo que conlleva mucho mimo y dedicación, una menestra de verduras exquisita que estaba como plato del día, un tataki de atún rojo y especialmente la patata rellena de rabo de toro, una verdadera delicia.

Aunque la descripción de los platos es breve, la puesta en escena así como la elaboración sorprende al instante. Entre sus especialidades además de los sashimis o makis, está el arroz con carabineros:

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Además el rabo de ternera, jugoso como el de esta foto:

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El pequeñísimo local a dos alturas es visita obligada de tapeo en la capital y os puedo asegurar que sus creaciones, no dejan indiferente. Alrededor de 35 euros el precio medio por comensal, es sin duda, 100% recomendable.

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LA CEVICUCHERÍA (Calle Téllez, 20 // Tel.: 91 755 79 94)

Pero mi búsqueda de restaurante no quedó ahí. Mi semana continuó con una cena con mi amiga Marta, en este establecimiento recién abierto por Melina Salinas, propietaria del exitoso peruano Tampu de Madrid y del que ya os hablé en otro post. No nos pudo parecer más idóneo para una quedada informal y desenfadada donde tomarse un par de piscos y picotear algo sano:

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 Cocina criolla de la de verdad, desde los ceviches a los anticuchos, con propuestas originales y  frescas a muy bien precio, y raciones generosas. Su chef, Miguel Ángel Valdiviezo se basa en las recetas tradicionales de su tierra a las que le añade el toque creativo y una esmerada presentación de los platos, proveniente de su formación culinaria francesa.

Se palpa en la carta que la gastronomía peruana sea una de las más diversas del mundo gracias a la influencia de las diversas civilizaciones que han convivido en el país a lo largo de los siglos (italiana, española, japonesa, china, africana…). Su plato estrella es el ceviche clásico, como este que nos tomamos:

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Pero también ofrecen carnes a la parrilla o pescados como esta vieira de papa amarilla, mejillón, calamar, langostino y parmesano  flambeada:

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Además, postres típicamente peruanos como el suspiro limeño, con lúcuma, la fruta nacional peruana: IMG_0464

Y todo, en un local moderno que gira en torno a una barra serpenteante y decorado con cuadros de productos del mar, y por un precio medio de unos 25 euros. No se puede pedir más, desde luego.IMG_0471

LÚA (c/ Eduardo Dato, 5 // Tel.: 91 395 28 53)

Para una comida exclusiva de trabajo, y con el fin de no frecuentar los clásicos, como Higinio’s o La Manduca de Azagra, elegí este restaurante de cocina de vanguardia y al que ya tenía ganas de ir desde que se mudase del Barrio de Salamanca a la Calle de Eduardo Dato hace un par de años.

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A los fogones, su chef gallego Manuel Domínguez, el que mantiene aún su acento de Carballino (no es de extrañar que el pulpo lo utilice con asiduidad), mimando todo el proceso creativo, con una exclusiva puesta en escena de un menú de autor y un establecimiento para sorprenderse o sorprender.

Lúa no es un comedor del montón, sino para ir en alguna ocasión especial, como fue mi caso, con dos buenos amigos de trabajo y además, gastrónomos expertos. Ya conocía los clásicos de cocina de autor de Madrid como El Club Allard, pero sorprendentemente nunca había oído hablar de este otro, que podría estar igualmente a la altura. Con tono humilde y la seguridad de haber aprendido la cocina desde la pasión de los libros, lectura de recetas y formarse de los mejores, Manuel describe la cocina como un arte y en este mundo donde “ahora todos los restaurantes quieren ser famosos”, su local sigue prefiriendo el boca a boca y no hacerse notar.

El menú degustación, por 52 euros, cambia cada dos semanas en función del producto de temporada, pero siempre dándole una vuelta creativa en su elaboración y emplatado, por lo que si vais seguramente ya no probéis lo mismo que yo he comido, aunque para muestra aquí un botón, estos bombones de camembert1237161_566760376694794_896407034_n

La decoración es sobria porque el protagonista es el producto, y esconde un reservado secreto detrás de su cocina, donde poder hacer incluso comidas profesionales pues tiene todo lo necesario, incluido proyector. Manuel nos enseñó también su cocina, impoluta, la materia prima fresca, donde detrás no hay trampa ni cartón, y una foto preciosa de su hija que tenía delante de sus fogones. Sin duda, un restaurante hecho a su imagen y semejanza.

 

 LA MARUCA (C./ de Velázquez, 54 // Tel.: 917 81 49 69)

Y al fin, mi semana de banquetes infinitos en búsqueda del príncipe azul de los establecimientos perfectos concluyó, sin éxito, con una salida de varios amigos el fin de semana. Esta vez de lo que se trataba era de encontrar un restaurante a la desesperada y sin reservar. Abierto el pasado mes de octubre por Paco Quirós en el Barrio de Salamanca, el dueño santanderino del ya asentado Cañadío, en el mismo distrito, conseguimos primeramente un hueco en la barra de LA MARUCA para más tarde aposentarnos en una mesa alta donde disfrutamos de algún que otro vino acompañado de tapas.

Desenfadado e informal, fue perfecto para disfrutar del ambiente del sábado noche en un local a reventar, animado y con una combinación de todas las generaciones más vividoras del barrio.

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Entre Riberas del Duero y Albariños, recuerdo especialmente tres platos de la carta que me gustaron: sus rabas, las bravas y unas deliciosas albóndigas.

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Y por añadir uno más, exquisitas también las alcachofas:1497633_688023314551823_210319708_n

Para cenar sentado en este local de la calle Velázquez, o en su terracita exterior, se hace imprescindible reservar, pues está más de moda que nunca. Por un precio medio de unos 30 euros, garantizado el ambiente, y también, el postureo.

En resumen, ¿un restaurante perfecto? Pues ahí van cuatro. Para que luego digan que soy simple.

7 comentarios

  1. Coincido contigo en que la perfección de un restaurante se la da la ocasión y es esta, en realidad, la que ejerce de juez y jurado casi más que nosotros mismos. No obstante, también pienso que hay “comodines” que se pueden adaptar a varias situaciones sin desentonar mucho.

    Digo esto desde el punto de vista de un completo ignorante reconocido y admitido sobre la materia… Por tanto, no te lo tomes muy en serio si mi opinión parece osada por decir que puedan existir esos comodines…

    Con respecto al chico perfecto… Ya te lo confirmo yo, no existe. Aunque si te vale alguno que se acerque… Invítame a un café y lo hablamos. 😉

    Gracias otra vez por tus compartir tus posts!

  2. Vi tu entrevista en el programa de la 2 y me pareces muy profesional en lo que emprendes y veo que tu blog está destinado a Madrid, pero me preguntaba si sabrias de algun blog similar en la comunidad gallega o si preparas otros post sobre mas ciudades. Enhorabuena y suerte. Sara.

    • Mapi Hermida says:

      Muchas gracias, Sara! De momento, me centro en Madrid, pero todo llegará!!! En la portada de mi blog puedes encontrar abajo a la derecha diferentes blogs relacionados con gastronomía y restaurantes en una sección que se llama “OTROS GASTRÓNOMOS EMPEDERNIDOS”…seguro que en alguno de ellos encuentras restaurantes de Galicia 🙂

  3. lendermain says:

    Qué bicho eres, cómo machacas a la competencia!!

  4. Pingback: ¿CONOCES LAS NUEVAS TABERNAS DEL RETIRO?

  5. Tener un restaurante preferido es algo que yo me he obligado a lo largo de mi vida a decidir. Quería tener preparada mi respuesta. Si eres gastrónomo empedernido tienes al menos una docena de restaurantes que te parecen maravillosos para diferentes momentos, situaciones, comidas o cenas.

    Con el paso de los años van cambiando los nombres de tus preferidos pero me ha gustado tener uno que es especial para mi y durante una época el elegido era Viridiana y nada que iba conociendo me resultaba superior. Visitando muchos restaurantes sobre todo en Madrid pero también en diferentes ciudades de España.

    Hoy en día tengo mi listita de los prefereti: Montepríncipe, La Candela, Algarabía, Montia por decir unos cuantos pero el que sin duda me ha dejado sin respiración en mis dos visitas ha sido DiverXO, tengo mesa reservada para el próximo año, si no recuerdo mal para Marzo y estoy deseando que llegue el día para conocer la cocina actual de David Muñoz que nos reusultó cuando tenaía una estrella, la bomba y cuando regresamos para ver su evolución con la segunda estrella, la rebomba, quiero sentir de nuevo aquello que dijo mi esposa al salir del local en nuestra primera visita: DiverXO ha sido un orgasmo gastronómico.

    Felicitaciones por tu blog.

  6. Pingback: THE PERUVIAN, UN PERUANO DE PURA CEPA

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