UN PASEO EN TRICICLO

Recuerdo que cuando era pequeña, los Reyes (y estos sí que eran Magos) me trajeron por navidades una bicicleta BH con ruedines. Fue la envidia entre mi grupo de amigas aquel invierno, porque era, nada más y nada menos, que de color rosa fucsia, toda una sensación en aquellos tiempos. Sin lugar a dudas, y salvando a mi primera máquina de escribir, fue el regalo que más ilusión me ha hecho nunca.

Bien es cierto que no sé si, antes de mi bici rosa, tuve un triciclo o no, pero como más vale un por si acaso que un válgame Dios, ahora me ha dado por comprarme uno:

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Lo encontré en la feria de antigüedades que los segundos fines de semana de cada mes instalan en el Museo del Ferrocarril. El anticuario, hábil mercader, me contó que era de 1910, así que me inquietó pensar las personas que lo habrían ido montando desde hace 100 años. Podría haber pasado por él desde el hijo de algún humilde herrero que con empeño se lo fabricó también por navidades hasta la hija de un aristócrata refinado. Quizá, el triciclo tuviese una historia apasionante detrás o lo hubiese montado algún antepasado de alta alcurnia, pero lo que es seguro es que me vi obligada a adquirirlo con el fin de adoptar todas esas vivencias que habrían ido pasando de generación en generación, aunque irremediablemente y en definitiva, terminase por ser un objeto inútil y decorativo de mi salón.

Fue mi amiga Itsasne, bloguera practicante como yo, y mucho más perspicaz con sus textos todo sea dicho (solo hay que leer uno de sus últimos post sobre depilación a la moda) la que me escribió para recomendarme ir al restaurante que precisamente se ha inspirado en ese mismo vehículo vintage de tres ruedas, el TriCiclo.

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Así que ahí estaba el domingo con mi amigo José, el cual se deja engañar siempre que quiero conocer un sitio nuevo, dispuesta a ver si los triciclos que tenían eran más agraciados que el mío, pero  sobretodo, para cotillear ese establecimiento que me habían vendido tan bien. Y sí, tenía triciclos, así que os dejo juzgar a vosotros si son más bonitos o no:

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Al parecer, los cocineros del este local, que abrió sus puertas antes del verano, son tres amigos y experimentados chef que trabajaban antes en la Ciudad Financiera del Santander (y cito mi fuente, El Comidista de El País, por aquello del plagiado honrado entre compañeros), que cambiaron los números por palabras y se mudaron al barrio de Las Letras, a dos pasos de la calle Huertas. Su concepto: innovar en los platos, mezclar ingredientes, especias y sabores pero sin presunciones de otros restaurantes que se las dan de cocina de autor. Y por eso, precisamente, me encantó.

Siguiendo la idea de otros restaurantes como Diverxo en los que los camareros son también cocineros y te dan una explicación precisa y detallada de cada uno de los platos, el equipo de sala es tremendamente experimentado, y eso, se nota. Incluso algunos platos se terminan en la mesa, por lo que el trato se convierte en muy informal y cercano.

Nada más entrar en TriCiclo se encuentra la zona de la barra, donde también se puede comer pues el restaurante está siempre a reventar, así que no es extraño encontrarse gente de pie degustando alguna ración.

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Las reservas por teléfono se hacen complicadas dado que sólo se puede llamar de martes a sábado de 9h a 14h así que hay que tener suerte si se quiere atesorar una mesa. En nuestro caso, tuvimos que esperar media hora en la barra, lo que me sirvió para cotillear aún más percatarme de la buena pinta de los platos. Si lo que te tomas es una caña, amablemente te consultan si quieres patatas, aceitunas aliñadas o queso en aceite para acompañar, lo cual se agradece, pues ya intuyes que se trata de un restaurante generoso con el cliente.

El segundo espacio, para grupos de hasta 12 comensales, cuentan con una antigua mesa de carpintero ubicada junto a la salida de cocina. Se trata de un pequeño reservado al fondo del local, al que le sigue la última estancia, el comedor, más tranquilo, con poquitas mesas y de ambiente tranquilo y familiar.

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También en tres está dividido el menú, que se modifica constantemente, casi cada semana, habiendo siempre platos fuera de carta, lo que demuestra el carácter creador de los cocineros y su pasión por los productos de temporada. El bloque Del mercado al TriCiclo, con platos sin apenas modificar su sabor natural en los que se potencia la calidad y la frescura del producto, al que le sigue el apartado Un paseo en TriCiclo,  platos más elaborados con combinaciones de sabores tradicionales y posteriormente Un viaje en TriCiclo, con platos de cualquier cultura o país, mezclas de sabores sorprendentes, con productos desconocidos para muchos.

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Y como la cosa va de tres, ofrecen la opción de problar 1/2 y 1/3 de ración, lo cual es relevante porque cuando ves la carta parece que todo te apetece y porque puedes probar gran variedad de platos que siempre sorprenden ya sólo por su nombre. ¿Los precios? 1/3 de ración desde 4 euros, ½ alrededor de 9 euros y 1 ración en torno a los 16 euros.

Echad un ojo a la carta, a mí me llamó la atención la crema fría de setas de otoño, la presa de bellota pura curada, las gambas, shisho y mango y unas croquetas fuera de carta que tenían una pinta buenísima cuando las vimos pasar:

20131020_160641Todo era de excelente calidad, y la presentación, sin grandes suntuosidades, oportuna: la crema tenía un toque dulce curiosamente en los panecitos y la gamba se comía en dos bocados y era tremendamente original:

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 La presa estaba en su punto y sin duda, las croquetas, son, después de las de mi madre, de las mejores que he probado nunca. Venían calentitas, casi derritiéndose, con un toque picante de pimienta que se mezclaba con el sabor de los taquitos de jamón del interior.

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De postre pedimos una torrija con helado, que estaba sorprendentemente ligera y tenía un toque especial en el rebozado aunque el arroz con leche que sacaban ligeramente bronceado por encima también nos llamó la atención. No pedimos vino, pero pude observar que tenían variedad de referencias así como de combinados.

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En definitiva, todo espectacular. Gracias Itsasne por tu recomendación!

Precio medio: 25 euros

Dónde: C./ Santa María, 28

Tel: 91 024 47 98

Web: http://www.eltriciclo.es/


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4 comentarios

  1. Pingback: SHHH….RINCONES SECRETOS DE MADRID

  2. Hoy voy, te cuento a la vuelta jeje

  3. Pingback: El TriCiclo, un exquisito restaurante. Siempre un planazo | shinyhappythingss

  4. Pingback: TRES RESTAURANTES REBELDES, Y SIN CAUSA

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