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CLUB MATADOR, MEMBERS ONLY

Mario es mi mejor amigo de la infancia. Mis primeros recuerdos con él son los de una foto en la que aparecíamos disfrazados de Adán y Eva en la fiesta anual de la urbanización. Nos llevaban juntos al colegio, y mientras él me llamaba quejica yo le llamaba chivato. Nos queríamos y nos odiábamos a la vez. Compartimos noches de canguro cuando nuestros padres salían a cenar, jugábamos a las tinieblas y nos reíamos cuando Macaulay Culkin electrocutaba a los ladrones de Solo en Casa. Luego pasamos a jugar al “Tozudo” y “Operación”, para después competir en el Tetris con nuestras Game Boys. Aprendimos a tocar el piano a cuatro manos y yo heredaba sus libros de texto porque era un año más pequeña, cosa que siempre me recordaba.

Aprendí muchas cosas de Mario, como que no era bueno jugar a pressing catch con chicos que tienen más fuerza que tú. Y aunque ha pasado mucho desde entonces, aún me sigue descubriendo cosas, como el Club Matador al que el otro día me invitó cenar, y del cual Mario es socio fundador. Coincidiréis conmigo en que es toda una suerte tener amigos tan generosos que le permiten a una darse de vez en cuando semejante gusto a la vista y al gusto.

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Pero, ¿qué es exactamente este Club del que seguramente aún muy pocos habréis escuchado hablar? Al alcance sólo de unos privilegiados, y con las características propias de cualquier club privado como el derecho de admisión o normas muy estrictas como la de no sacar fotos (aunque en el caso de Matador no se obliga a llevar corbata) el Club es un lugar de encuentro donde personalidades tan heterogéneas como pintores de prestigio, cantantes muy famosos, productores de cine, comisarios de arte, editores, periodistas, empresarios de alto nivel, chefs destacados y algunas de las grandes fortunas españolas (recientemente se pudo ver a Alicia Koplowitz a quien entregaron en el Club el Premio Gran Gresol por su trayectoria) se dan cita para compartir experiencias en un ambiente casi «secreto», cercano y sobretodo, selecto. Tanto es así que para entrar en el Club hay que traspasar una puerta que se abre con huella dactilar, y cada socio solo puede invitar a un máximo de tres personas foráneas, lo que garantiza un secretismo solo apto para algunos voyeurs, como tal es mi caso.

La idea partió hace escasamente un año de Alberto Anaut, presidente del Club y Director de la erudita revista de edición anual Matador. Y junto a él, cien socios fundadores se animaron con un proyecto que consistía en transformar en manos del arquitecto Carlos Manzano y del interiorista Iñigo Güell, un piso de mediados del siglo XIX de cerca de 800 metros cuadrados en el espacio más exclusivo de Madrid.

Oculto tras un paso de carruajes de la calle Jorge Juan donde espera un discreto guarda que orienta al que llega por primera vez porque no hay letreros que lo indiquen, este espacio members only esconde tras su mirilla un selecto bar y restaurante, pero además, salones comunes, biblioteca, sala de audiovisuales e incluso una sala de fumadores y un reservado.

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Pero lo que se percibe nada más adentrarte en este piso, es que todo está relacionado con el arte y la cultura. No en vano en el Club se presenta cada año dos exposiciones comisariadas, y cuenta con algunas obras cedidas temporalmente por sus socios de la talla de Chillida, Torres Garcia o Pablo Palazuelo. En una de las estancias, un impresionante fresco que apunta haber sido realizado en el siglo XIX, acoge alguno de los impresionantes balcones que dan a la calle Jorge Juan, pues otros miran a un espectacular jardín interior. Decoración clásica que se entremezcla con un eclecticismo total en el mobiliario, combinando cuidadas antigüedades combinadas con piezas vanguardistas e icónicas.

El restaurante corre al cargo de Yolanda Olaizola, proveniente de Aldaba, que reivindica una cocina tradicional española, con un homenaje a las materias primas y elaboraciones clásicas recordándonos a los platos más caseros.

Yolanda trabaja cuatro cartas diferentes al año, según cada estación, con el fin de adaptar la oferta a los productos de temporada, así como recomendaciones del día en la que se utilizan los productos de mercado más frescos y un menú de cuchara diario.

Entre sus platos, croquetas de jamón, menestra de verduras, judías con langostinos, alcachofas con foie o esta fresca ensalada de queso:

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Y como principales, merluza a la romana, pichón, costillar de cerdo, solomillo de vaca o la especialidad de Yolanda, el steak tartar:

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Un apunte a los dulces, y a sus propuestas, que varían entre helado, tatín de manzana o tarta del día. El precio de los entrantes gira en torno a 10 euros y el de los principales a 20 euros. Todos ellos elaboraciones delicadas, cuidadas con mimo, donde pude comprobar un amor por las verduras y productos de la tierra.

Además, en el restaurante se realizan actividades, invitando periódicamente también a cocineros de prestigio, como por ejemplo este mes de octubre a Ricardo Muñoz Zurita, considerado uno de los mejores cocineros mexicanos.

De la bodega se encarga Telmo Rodríguez, que propone caldos nada convencionales. Pero además, el Club dispone de su propio vino, el cual solo los socios pueden adquirir.

Respecto al bar, que emula una barra con aspecto de mueble clásico de la Ley Seca, es otro de los puntos de encuentro de este Club. No se busca dar idea de bar, sino de un sitio donde disfrutar como lo harías en casa de un amigo, porque en Club Matadorel alcohol no se ve, se disfruta.

Consta de diversos salones con ambientes complementarios con una oferta de pequeños aperitivos y una carta de cócteles algunos de grandes coctelerías europeas que han compartido sus creaciones. Asimismo, también invitan a bar managers para que elaboren sus propuestas en exclusiva, porque si algo favorece el Club, éste es el deleite de mente y espíritu. Hay foros periódicos de distintos asuntos donde se invita a personalidades relevantes para cada una de las materias. Semanalmente acude un DJ, se organizan exclusivas fiestas, presentaciones de libros o catas de bebidas y de queso

Además, el Club dispone de una biblioteca que se centra en el mundo de la novela negra y literatura de los siglos XIX y XX y que ofrece una selección de las mejores revistas y periódicos nacionales e internacionales de los que se encarga Andrés Rodríguez, el “quiosquero” de Matador.

Original la fonoteca dedicada al Jazz con discos de vinilo y un espacio para audiciones, e increíble su cineteca con pantalla de 3 metros, con obras del cine negro que se proyectan en ciclos.

Y aquí viene lo que nadie queríamos escuchar. El coste anual para ser uno de los cerca de 250 socios que son actualmente en el Club Matador, que abre de lunes a jueves hasta la 1am y los viernes y sábados hasta las 2am, es de 900 euros al año, la mitad para los menores de 35 años y de fuera de Madrid. Además, tiene una cuota de entrada de 300 euros. Pero esto no queda aquí. Para convertirse en socio, no sólo basta con pagar, sino que existe una comisión que analiza caso a caso las nuevas candidaturas (que deben venir avaladas por al menos dos socios). En fin, para los más selectos. Y es que, ¿existe algo más atractivo que lo que no está al alcance de todo el mundo?

Dónde: C./ Jorge Juan, 5

Web: http://clubmatador.com

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