El blog de los foodies y demás nómadas gastronómicos de Madrid

LAS LATITAS DE «LA-TITA»

LA TITA RIVERA

Descubrí La Tita Rivera por casualidad, hace un par de viernes. Quiero decir el restaurante, noetasca, gastrobar o como se quieran definir, no a la propia Tita, que a esa no la conoce más que quien se la inventó.

Había quedado con mi amiga Moni, sí, la misma de los días de cháchara en La Romana que os comenté en el post de los cafés. Salíamos esa noche los restos de desdichados que quedábamos por Madrid mientras el resto de afortunados colgaba sus fotos con los pies en la arena, de excursiones por Tailandia o recorrido por la Costa Oeste en Facebook, así que la noche, prometer prometer, no prometía mucho.

Entre otras, venían Blanqui y Dorothy, dos amigas de la chupipandi de Moni, grupete de chicas cuyos motes aliterativos curiosamente terminan todos en diminutivo y en “i” (Miri, Eli, Martuki y un largo etcétera). Os podréis imaginar que hace tiempo que tiré la toalla, dejé a Moni quitarme el poco glamour que me podía quedar y terminar llamándome“Pili”.

También andaba aún por Madrid otro amigo suyo muy simpático y dicharachero que se apodaba “El Charlas”, sobrenombre que comprendí después de hablar largo y tendido durante la cena sobre si el periodista “nace o se hace” y otros temas bastante frikis del sector para un viernes por la noche. Precisamente éste nos había recomendado y convocado en el local, lo cual agradecí enormente, porque con esto de que ahora me ha dado por los restaurantes de moda, mis amigos han escurrido el bulto y siempre termino reservando yo.

Como Mónica llegó tarde (no os digo los minutos para no herir sensibilidades), me dio tiempo a percatarme de dos cosas. La primera: que los camareros del restaurante eran la mar de simpáticos. Tanto es así que, nada más entrar en el local, pregunté por nuestra mesa reservada en la terraza. Como si hubiese preguntado por los papeles secretros de Bárcenas o por un helado en el polo norte, el camarero se quedó perplejo, le dio con el codo a otro como diciendo “mira esta novata”, me dirigió una mirada a lo “vas lista, chata”, una posterior frase aclaratoria de “en la terraza para pillar sitio Mariquita el último” y cerró la escena con un guiño de ojo. Bueno, el tío tenía gracia, porque mariquitas había muchos, que al fin y al cabo estábamos en pleno barrio de Chueca.

Y dos: que ahí, la cosa iba, sobretodo, de bebercio. Y en concreto, de latas. Bueno, más bien de latitas. De sangría, rebujito, tinto de verano, shandy de sidra…Cotilleé que la empresa era de Hijos de Rivera y que una de sus filiales, Custom Drinks, comercializa principalmente todos sus productos en latas. Y de ahí el nombre LA-TITA Rivera. Ya veis. Tras mi revelador descubrimiento de dicho juego de palabras, respiré tranquila sabiendo que había descubierto el acertijo, pasé a ojear la carta y finalmente, me lancé a la aventura de pedirme un tinto de verano.

Y fue entonces cuando a continuación pidió “El Charlas”, habitual del sitio, y a lo “ponme lo de siempre, Billy”, se pidió un Blanco de Verano, muy #postureobar, dejándome como una principiante más en esto de los brebajes en lata. Visto lo visto, pensé que lo mejor sería dejarnos llevar por él, pues se le veía en su salsa, así que le dimos carta blanca para pedir, que para eso era el experto.

Una vez llegó el resto de ese grupo variopinto y remanente de pringados sin vacaciones,  decidimos cenar dentro porque el patio, por aquello de no molestar a los vecinos, cerraba a las 23h. Una pena, ya que me pareció espectacular montado, emulando un pequeño vergel donde refugiarse del bullicio del barrio y por otro lado, ideal para pensar por un momento que en realidad estábamos en Tarifa de mojitos.

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Entre el grupo, también había una foránea que venía de uno de esos estados de América imposible de localizar en el mapa, que con su nivel básico de español se las vio canutas para entender lo que era la especialidad del sitio, los “casis”: casi bocadillos, casi tapas, con los que casi te quitas el hambre y con dos casi comes…y con la posibilidad de pedir a la carta o una degustación de mini casis, entre los que incluyen los ‘casi estrella’. Vamos, en definitiva, mini-bollitos de pan sin miga y rellenos de calamares, pulpo a feira, tetilla, setas con jamón, secreto con brie, lomo de sardina, atún con pimientos o gambas al ajillo, entre otras muchas variantes.

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Embriagada con tanto juego de palabras y quitándome el hambre a base de Patatas de bolsa Bonilla, que a Moni le vuelven loca, propuse pedir unos fingers de pavo con salsa alioli y barbacoa, porque total, entre que los camareros se habían reído de mí, Mónica llamándome “Pili” para arriba y «Pili» para abajo, y mi elección de un vil y simple tinto de verano, ya estaba claro esa noche que el cartel de vulgar no me lo quitaba nadie.

Aunque la carta tenía otras cosas apetecibles como ensaladas de cecina o bacalao así como salmorejo cordobés, sopa de melón o burritos (a elegir entre carne de cerdo o pollo y salsas sour cream, mexicana o guacamole), decidimos romper definitivamente y sin mirar atrás la operación bikini y nos pedimos  mini-hamburguesas. Según el camarero, la especialidad era en concreto la Galeguesa, de carne de ternera gallega criada en libertad (interesante reflexionar sobre esto…), cebolla caramelizada, queso cheddar, tomate raff y brotes tiernos.  Además, había otras muchas opciones: de shiitake y pimiento rojo asado, de atún rojo con crujiente de puerro y espinaca verde, de queso de Arzúa con aroma de trufa…en fin, que para gustos colores.

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El sitio me pareció divertido, original y desenfadado, con una decoración entre lo industrial, vintage, pop y hamburguesería de barrio, con mucho marketing detrás y con un pequeño toque de franquicia de centro comercial pero mucho más hipster y auténtico. Y la oferta de platos la encontré “casi” completa, con precios muy populares: los casis en torno a los dos euros, las ensaladas a partir de 5 euros, y las mini-hamburguesas sobre 4 euros.

Con el único objetivo de haceros una crítica exhaustiva, me dio por tomarme varias latas y lo cierto es que el blanco de verano era, sin duda, el mejor. En la carta, también tenían una curiosa oferta de sidras de sabores: mora, fresa, pera…y un curioso Mojiño, la versión gallega del clásico, así como, no podía ser de otra manera, Estrella Galicia.

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La comida: correcta, suficiente, informal y muy a lo finger food, aunque quizá demasiado pan para luego irse a tomar un vermú. “El Charlas” luego me contó que había probado en otras ocasiones el salmorejo y también las ensaladitas, y que le supieron a gloria, así que habrá que volver con algo más de criterio femenino o bien de día para tener tiempo de digerir.

Y si sois adictos a los brunchs, degustado en el patio, el de La Tita Rivera no pinta nada nada mal: contiene bagels de varios tipos, mini cestas de bollería, ensaladas, muffins y una tartas que tenían un pintón (ojo, sólo lo sirven sólo sábados, domingos y festivos de 10h a 14h).

Tartitas

La cena nos costó 19 euros por persona, calidad-precio inmejorable, y hacer la digestión, la copa de después en el  Gin Club de El Mercado de la Reina.

Toda vez que medio Madrid estaba de vacaciones, y después de habérmelo pasado pipa, me metí en la cama pensando que en el fondo el plan de ir a La Tita tampoco había estado nada mal.

Precio medio: 10-20 euros

Dónde: C./ Pérez Galdós, 4

Tel.: 91 522 18 90

Web: http://www.latitarivera.com/


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2 thoughts on “LAS LATITAS DE «LA-TITA»”

  1. La verdad es que resulta curioso como de unos «casi» pinchos, unas «mini» hamburguesas te haya salido todo un testamento de buenas maneras y grandes descubrimientos. Aparte de las latas, no se yo si, aparte de gallego el dueño, tendrán algo que ver los «hijos de Rivera» de la estrella con «la tita Rivera»… Siempre me gusto pensar que todo quedaba en casa.
    Poco se puede añadir a tus habituales post, que dejan cualquier opinión sin merecimiento de ser leída, sólo, por sí algún despistado se equivoca, que aquí es de los pocos sitios donde te puedes tomar una 1906 (cerveza un poco más chic de la estrella Galicia).
    Y con poco más que añadir… A ver si algún día tengo el honor de acompañarte en alguna cruzada gastronómica, que si bien escribir no es lo mío… Igual recupero comiendo o cenando. ;).

    Excelente post Mapi!

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