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CRÓNICA DE UNA CENA EN MISS SUSHI

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El color de la camisa a cuadros de Iñaki no podía ir más a juego con el local. Conociéndole como le conozco, hubiese jurado que lo había hecho deliberadamente. Rosita palo, muy gayer, como el barrio. Encajaba a la perfección con el restaurante, que estaba revestido de todas las posibles tonalidades de fuxia y salpicado con grises y blancos, sillones románticos y abotonados de terciopelo, espejos con marcos barrocos y sillas Luis XVI. No podía parecerme más kitsch, ostentoso y recargado, pero tenía su punto cool y la atmósfera te hacía sentir a gusto. Se notaba que la dueña, Adriana Nicolau, además de hostelera, era una apasionada del interiorismo. Sólo faltaba que de música de fondo, tenía que ser francesa, sonase Edith Piaf cantando La Vie en Rose.

Un sentimiento entre admiración, desconcierto y asombro me embargaba esa noche. Había conseguido con éxito que el cantante y bajista de Los Malditos Mojarras, y ya secundario pero destacable redactor jefe de la revista QUO (bueno, y tertuliano de M80 y Cadena SER, y…y…) viniese a cenar a un restaurante tan cursi como Miss Sushi. Habíamos planeado días antes cenar en Tartan Roof pero sutilmente en el último minuto cambié la ubicación sin darle tregua ni tiempo de mirar la web del establecimiento y percatarse de que era un local tremendamente afeminado.

Capaz de explicarte porqué los búhos duermen de día o cómo se sabe si un planeta es habitable, las conversaciones con Iñaki siempre son apasionantes. Fue capaz de sobrevivir 29 días encerrado en una casa en calzoncillos con la única ayuda de un ordenador y una tarjeta de crédito para comprobar las facilidades de compra online (prometo que no miento, está documentado). La diversión de la cena estaba asegurada.

Susana llegó media hora tarde y la perdonamos por aquello de que nos vemos de pascuas a ramos y no nos vamos a poner a discutir (sí, es verdad, la calle Hortaleza es un horror para aparcar). Excompañera de mi etapa en el departamento de comunicación de L’Oréal, mujer, madre, esposa y amante, todo en uno, venía luciendo un bronceado de Benicàssim que resaltaba su vestido blanco. Ya estábamos todos.

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Eché un vistazo a mi alrededor. Dos amigas cotorras, una mesa con tres parejas y sus respectivos chicos pidiendo a Dios que nadie les viese ahí, una parejita en modo japo-chic y poco más. Target muy joven, entre 25 y 55 años. Era entre semana y el local no era demasiado amplio lo que lo hacía acogedor, provisto de una mini terraza que daba a la calle muy socorrida para los fumadores empedernidos y dogfriendly’s.

Y ahí estábamos los tres, dispuestos a disfrutar de una noche de tertulia en el nuevo restaurante japonés de Alonso Martínez. Tras despellejar nuestras respectivas vidas sentimentales, criticar las miserias de la profesión periodística y rememorar anécdotas en las que cualquier tiempo pasado fue mejor (como solemos hacer en todos nuestros encuentros y siempre por este mismo orden) decidimos, por fin, cenar.

Entrecot teriyaki

Nunca había visto una carta tan extensa y tan buen precio de yakitoris, sushis, ensaladas, temakis, tartares, tempuras, gyozas…podría decir que había que elegir entre más de 200 variantes. Haciendo la cuenta algunas piezas de sushi salían a menos de 1 euro, “estamos en la era de la democratización del sushi claramente”, pensé. Además, incluían menús de mediodía combinados de sushi y teriyakis acompañados de ensalada de col y arroz, japo burguer y filete de entrecote o salmón.

Pinzas

Pidiendo al cielo ser capaces de ponernos de acuerdo, afortunadamente llegó una encantadora Rosana, la encargada (no os voy a engañar, había llamado para avisar que era aprendiz de bloguera) que nos ayudó a que no llegase la sangre al río. Entre sus recomendaciones estaban los Miss Buti de morcilla tempurizados, Miss Party de anguila, Miss Pinzas de cangrejo y cilantro (en la foto de arriba) y el Atún Cake. Huelga indicar que todos los encargados te dicen…»en el fondo todo está exquisito”.

Con la operación bikini a nuestras espaldas y toda vez que conseguimos renegociar con Rosana, nos decidimos por la ensalada XXL de Pollo Katsu, los Makis Dragón (similares a los California, pero recubiertos de masago en lugar de sésamo y relleno de gambas en tempura, espárrago, aguacate y una mayonesa especial hecha por ellos), unos Miss Rainbow de pez mantequilla, salmón y tomate seco y el Salmón Cake por el que se había empeñado Iñaki (no había margen de negociación posible), acompañado de un vino blanco ramplón, aunque seguro que los había mejores.

Drangon

Y lo que más le gusto al Mojarra fue precisamente este último plato, en el que había que emplear la sofisticada técnica de hacer un agujero en el centro del salmón para echar la salsa. A Susana – independientemente del vestido de Rosana, que no se cansó hasta terminar preguntándole dónde se lo había comprado – le encantaron los Makis Dragón (arriba en la foto). ¿Y a mí? Los Makis de Pez Mantequilla, pescado del que soy fan acérrima y con tanta floritura acompañando, me sabía a exótico, aunque hubiese agradecido que lo tuviesen también sólo.

Ya puestos a seguir comiendo, que quedaban muchas cosas por contar, nos pedimos de postre la recomendación de Rosana, los Makis de Nutella (los de la foto son, además, con fresa), algo empalagosos y quizá demasiado arroz para una misma cena pero muy originales, así como el helado de té verde, que nos sirvió para refrescarnos.

Nutella Fresa IMG_6201

No quisimos el chupito que amablemente nos ofrecieron ni tomar ninguna copa pero la carta de cocteles de gin tonic’s premium tenía buenísima pinta (incluido un buen preparado con Martin Miller’s a un precio popular de 7 euros, mi preferido).

Con la sensación de haber cenado bien, una buena relación calidad-(decoración)-precio, unos 25 euros menos cada uno en el bolsillo y 5 euros más de un vale para hacer pedidos a domicilio bajo el brazo, nos fuimos a The Patio (que está al ladito y cierran a las doce). Pero como decía Michael Ende (me refiero al libro de La Historia Interminable), “eso es otra historia, que será contada en otra ocasión”. O en otro post, valga la redundancia.

 

Precio medio: desde 18 a 25 euros. Los precios de los menús están en torno a 12 euros

Dirección: C./ Hortaleza, 108, pero también lo tienes en la C./ Padilla, 4

Tel.: 91 230 71 51 (pedidos a domicilio 91 127 70 27)

Web: http://misssushi.es

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4 thoughts on “CRÓNICA DE UNA CENA EN MISS SUSHI”

  1. Gracias, Mapi, por hacer que todo el mundo se entere de que tengo una camisa envidiable y que ceno en sitios fashion con mujeres de ésas que le adornan a uno. También gracias por ascenderme a redactor jefe 😉

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