DRAY MARTINA, LA MUJER HECHA RESTAURANTE
Es una mujer natural. Mejor dicho moderna. O, mucho mejor dicho, cosmopolita. O quizá, todo en uno. Así es Martina. Le gusta celebrar y compartir, reunir personas y contar historias. Con sensibilidad por los detalles, es amante de todo aquello que sea respetuoso con el medio ambiente o con quienes le rodean. No puede evitar cuidarse y comer sano, practica deporte, le gusta la decoración y disfrutar de toda la vida cultural de Madrid, ciudad que adora.
Alguien me explicó hace poco que en el mundo del marketing, cualquier producto podría asociarse a una persona, y que todos tienen edad y sexo, sea un reloj, una crema o incluso, un restaurante. Pues es, precisamente,en Martina, esta mujer imaginaria, treinteañera o cuarentañera (que no cuarentona) y propia del siglo XXI, en quien se han inspirado y el espíritu que habita en el nuevo restaurante del barrio de Justicia, Dray Martina.
Si hace poco os presentaba Sexto, y que pintaba ser el establecimiento de moda de Salesas, a escasos metros abre este nuevo comedor con ganas de hacerle sombra, por su filosofía franca y espontánea, que perfuma un ambiente distendido y relajado. Con toque, como no, afeminado, el restaurante ha sido ideado por los mismos propietarios de las pop up stores Madrid in Love así como algún socio del ya mítico Maricastaña de la calle Corredera Baja, derrochando una vez más, toda su originalidad y gusto por las pequeñas cosas.
Abrió la semana pasada y no podía esperar más para conocerlo. Los planetas se habían alineado el fin de semana y habíamos conseguido darnos cita, por fin, mi grupo de amigas de siempre, lo cual no suele ser evidente: Lola había encontrado canguro para Guille, Helen no tenía que viajar a las oficinas de Airbus en Toulousse, Ethel no estaba currando en ningún nuevo lanzamiento de Microsoft y Guadalupe había dejado los minutados de su programa “Equipo de Investigación” para el día siguiente.
Así que ahí estábamos las cinco, dispuestas a probar la nueva apertura de esta temporada. Sorprendentemente, conseguimos una mesa (y no por mis -aún escasas- influencias) porque el local estaba a reventar, a pesar de que había coincidido con el último partido del Madrid-Atleti.
Nos recibió Juan Luis Medina, decorador que ha sabido imprimir todo su gusto artístico en un local con una cuidada iluminación, sillas de cuero y mimbre, paredes descorchadas (porque ya estábamos cansados del ladrillo visto), salpicado con cuadros, cactus y hasta un suelo vertical de madera. Un ambiente cuidado, muy amigable, rodeado de ventanas y con muy buena sonorización.
Siendo cinco chicas, pedimos seis platos para compartir, y probar una cocina que nos gustó por actual, mediterránea, con diferentes recetas entre lo biológico, castizo y francés, y todas bastante asequibles de precio, pues pagamos 28 euros por persona.
Con una presentación muy cuidada y un precio modesto, entre 7 y 11 euros, probamos como entrantes el salmorejo con crujiente ibérico y helado de queso de cabra, el cebiche de anzuelo con palomitas, el tartar de salmón marinado con cítricos y el pulpo parrilla con aguacate.
Como soy fan del salmorejo puedo decir que es lo que más me gustó por la originalidad al servirlo y mezclarlo con el helado, así como el tartar de salmón, que venía acompañado de quinoa, un pseudocereal que cada vez está más de moda por sus buenas propiedades para la salud.
Como platos principales, pedimos una de las cocas que ofrecen en la carta, la de queso de cabra con higos, cebolleta caramelizada y rúcula, algo más simple que el pez mantequilla con tomate confitado, jengibre brócoli y edamame, una pieza pequeña pero muy bien preparada. Los principales rondaban los 11 euros, aunque el pescado y la carne subían un poco más.
A resaltar otros platos también nos llamaron la atención: las croquetas de cecina, espinaca ecológica y pera o mejillones Pao-Than con sus patatitas como entrantes, u otros principales como el atún con verduritas, brotes y flores, solomillo de Gredos con tomates deshidratados, patata violeta y espárragos trigueros.
Respecto a la carta de vinos, es escueta pero muy original, como ejemplo los dos que pedimos, el albariño El jardín de Lucía y por un rioja La locomotora, ambos aceptables calidad-precio. Y de postre, más caros en relación al resto de platos, entre 5 y 9 euros, nos decantamos por el crumbel de manzanas, muy generoso aunque dudamos entre el tiramisú con helado de mascarpone y el cheese cake mousse con salteado de frutos.
Lo bueno es que Dray Martina abre desde las 8h30 de la mañana en horario non stop hasta el gin tonic de por la noche (o Dry Martini en este caso) y además ofrecen menús a mediodía así como, en breve, brunch los domingos, una vez abra su planta de abajo, que también estoy deseando conocer.
Sin duda, otro de los must de este invierno, un restaurante con estilo y acogedor, de ambiente joven, atmósfera moderna e idónea si eres chico y buscas sorprender a tu pareja. Ojo, porque habrá que reservar con tiempo!
Precio medio: 25 euros
Dónde: C./ Argensola, 7
Tel.: 91 081 00 56
Web: http://ww.draymartina.com
View Larger Map ()



