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El ALMA DEL CAFÉ ÓLIVER SE MUDA AL BARRIO DE LAS LETRAS

Me quedé atónita mirando aquel papel colgado en la puerta de Café Óliver. “Nos trasladamos a la calle Ventura de la Vega”. Era un domingo cualquiera de invierno, de los que acostumbro a ir al Retiro a hacer footing y callejear al regreso cotilleando entre las ventanas de los restaurantes de mi barrio de Justicia.

Esperando encontrarme, como cada fin de semana, parejas y grupos de amigos tomando el brunch, me había sorprendido ver las ventanas azules del Óliver cerradas, por lo que no pude evitar parar el contador de kilómetros recorridos y leer aquella nota detenidamente de su fachada.

El Café Óliver ha estado siempre asociado a momentos felices de mi vida. Creo que he podido celebrar casi todo lo celebrable allí: un aniversario, mi cumpleaños, ascensos en el trabajo y risas de brunch entre amigas. Me viene a la cabeza la primera vez que uno de mis novios me llevó por sorpresa, y paradójicamente no recuerdo el motivo del festejo pero si su pan de bistró inigualable y su delicada mantequilla. Mucho tiempo ha pasado desde entonces y también muchas las ocasiones de visitarlo.

Sin duda, que el Café Óliver abandonase mi barrio, era para mí, una mala noticia. Mítico restaurante y de referencia en Madrid, el local de la calle Conde Xiquena había acogido El Óliver desde que lo constituyese Adolfo Marsillach en 1966. Yo no viví esa época, pero si la de un Café Óliver mágico y elegante cuando en 2002 su nuevo propietario, Karim Chauvin, instauraró su famoso brunch, pionero en la capital, colonizando así España con esta tradición británica, pero también, muy practicada en Francia. “Cuando eres el primero en algo te arriesgas porque aquí no era costumbre”, explica Karim, a lo que añade, “el nuestro sigue teniendo la calidad, variedad y cantidad de antaño, y por eso sigue teniendo éxito”.

Desde sus orígenes, ha sido reconocido como un reducto de artistas y no son pocas las caras conocidas del mundo de la literatura y las artes que han disfrutado de su reconocida cocina mediterránea con influencia sobretodo francesa, pero también, italiana, española y marroquí, a imagen y semejanza de las raíces de su propio dueño. “Eso es lo que nos diferencia de otros franceses más tradicionales”, detalla.

Pero no sólo son intelectuales o cantantes los que se mezclaban con los vecinos del barrio. También, franceses buscando un buen magret, turistas bien aconsejados y gente joven, burguesa o ‘bobo’. Una atmósfera única y difícilmente describible que hacía del café aún más especial si cabe.

Y es que el Café Oliver es un sitio ya histórico de Madrid, conocido por casi todos. ¿Y a qué se debe su éxito? “El éxito es una mezcla de factores, a los clientes les entusiasma nuestra comida, pero también el concepto, el ambiente, la historia que tenemos detrás”, explica Karim. El Café Oliver tiene platos de las mejores cocinas europeas, “si esa gastronomía se hace bien y de forma cuidada como tratamos siempre de hacerla, no puede fallar”, añade. Porque en El Óliver cuidan el detalle y eso se nota. “Somos refinados, cool y con una cuidada cocina”, puntualiza.

Y sin embargo, aquel local estaba ahora cerrado, pero aún me quedaban esperanzas. El Café se mudaba a un barrio más céntrico aún, para volver a abrir sus puertas en el pasado mes de marzo. “Si queríamos mejorar lo pasado, teníamos que acercarnos más al publico”, puntualiza su dueño. Una ubicación el Barrio de las Letras, en una calle que se está ya convirtiendo en un referente gastro, Ventura de la Vega.

El Café Oliver se ubica ahora en la calle Ventura de la Vega, en el Barrio de las Letras
El Café Óliver se ubica ahora en la calle Ventura de la Vega, en el Barrio de las Letras

Esperaba ansiosa la nueva reapertura. Tanto es así que la primera semana que abrió fui a visitarlo. Habían cogido un local alargado y no excesivamente grande, a imagen y semejanza del Óliver antiguo. Porque Karim y sus socios no habían querido decoradores, sino que habían preferido al igual que hicieron con su anterior local, “buscar la auténtica esencia de los bistrós típicos parisinos”, explica.

El reto de Karim, propietario de Café Óliver, era decorar un local con la misma magia que su antecesor
El reto de Karim, propietario de Café Óliver, era decorar un local con la misma magia que su antecesor

No en vano, parte del mobiliario lo han adquirido en antiguos cafés en Francia que habían cerrado. “Terciopelo rojo, madera, mármol, queremos que la gente se sienta como en un apacible café francés”, detalla. Su obsesión era lograr recrear un lugar con la misma clase que el anterior, de estilo galo, donde predominasen elementos naturales como la madera en mobiliario y vigas vistas o flores. No faltaban tampoco el área de mesas corridas con sus míticos bancos rojos acolchados, varios espacios más íntimos y un reservado, además del rincón de los Chester y una barra más moderna.

El interior del Café Óliver recuerda a un auténtico bistró parisino, como su antecesor local
El interior del Café Óliver recuerda a un auténtico bistró parisino, como su antecesor local

Respiré tranquila. Aquel local seguía inspirando, al menos estéticamente y en la forma, elegancia, clase y empaque. Volvía a sentirme como en casa. Karim seguía al pie del cañón, una pareja disfrutaba de una copa de champagne de Henri Abelé antes de empezar la comida y un grupo de amigas reía al fondo.

Y la mantequilla, aquella mantequilla que irónicamente el propietario de Lyon compraba en España, seguía en la mesa. Nos trajeron la carta. “Hay platos que tenían mucho éxito en el ‘otro’ Café Óliver y no hemos podido quitarlos de la carta, porque a los clientes les gustaban mucho”, nos explicó Karim. No podía poner pega alguna. Hubiese sido una locura que el mejor magret de Madrid saliese de su carta, “algunos clientes franceses habituales lo suelen pedir siempre, pues no es fácil de encontrarlo”, opina. Una receta única en Madrid pues “el magret nosotros lo hacemos laminado, a la plancha, y hemos elaborado una salsa de mostaza antigua muy cremosa que combina a la perfección, además, lo acompañamos de un puré de patata con trufa y con yema de huevo”.

La vinagreta de trufa que acompaña el Carpaccio de magret de pato está simplemente, deliciosa. Café Oliver
El magret tambíén se elabora en Carpaccio en Café Oliver. La vinagreta de trufa que acompaña el Carpaccio de magret de pato está simplemente, deliciosa

O que dejasen de elaborar su soberbio tartar cortado a cuchillo con patatas fritas caseras. Máxime, cuando además también era uno de sus platos preferidos según me confesó. “Nuestro steak tartar no está hecho de cualquier parte de la carne, nosotros lo hacemos del solomillo para que tenga la máxima calidad”. Sin duda, producto de pedigree, “además  no es picado con máquina”, nos apuntó.

Otro de los platos estrella de Café Óliver es su steak tartar
Otro de los platos estrella de Café Óliver es su steak tartar

Su propuesta seguía siendo escueta, algo más de 20 platos, pero con alguna nueva incorporación como el Ravioli de langostino con salsa de azafrán escabeche o los mejillones al curry picante, “siempre hay que ir cambiando y sorprendiendo con nuevas creaciones”, nos apuntó, “queríamos poner algún plato de pasta y también dar otra opción nuestros clásicos mejillones a la marinera”.

Una de las nuevas propuestas de Café Oliver es su Ravioli de langostinos
Una de las nuevas propuestas de Café Oliver es su Ravioli de langostinos
Los mejillones al curry picante son una propuesta alternativa a los clásicos, otro de los nuevos platos de Café Óliver
Los mejillones al curry picante son una propuesta alternativa a los clásicos, otro de los nuevos platos de Café Óliver

Los orígene lioneses de Karim seguían impregnando la carta. La salsa St Marcellin que acompaña el solomillo, un queso típico francés de su región, también los embutidos del antipasto, un salchichón rosette de Lyon, y e defiitiva, un barniz francés en casi todas las propuestas.

Permanecía también el Risotto de bogavante pero añadía otro plato muy demandado como el Ceviche de atún pero en el caso de El Óliver, con bacalao con leche de coco y maracuyá. Y también opciones para vegetarianos como el Cuscús de verduras o el Hummus con pan pita, este último de los platos más demandados.

Risotto de bogavante, un clásico de Café Óliver
Risotto de bogavante, un clásico de Café Óliver

Así que hicimos una selección de platos recién incorporados y antiguos: Carpaccio de magret de pato con vinagreta de trufa, un plato que difícilmente se puede encontrar en algún otro restaurante. Además, la burrata cremosa con una exquisita caponata y aceite de trufa y el Ceviche de atún, que a pesar de la combinación no me defraudó en absoluto.

El Ceviche de atún del Óliver, también lleva bacalao, leche de coco y maracuyá
El Ceviche de atún del Óliver, también lleva bacalao, leche de coco y maracuyá

La materia prima seguía cuidadamente seleccionada, “no hemos parado hasta que no hemos dado con las de máxima calidad. Cada carne, pescado, salsa, condimento está escogido por un motivo”. La carne la traen de Sierra de Guadarrama o el magret de pato de una granja en Segovia.

Y por supuesto, su brunch continuaba en la carta, tan completo como el de antes: Café o chocolate, zumo de naranja o de sandía y melón, bollería francesa, pan con mantequilla y mermelada, y yogur, para empezar. Huevos fritos con bacon, Revuelto con hierbas y queso o Huevos Bénédictine para seguir, y los platos fuertes para culminar: Ensalada César, Ensalada Tropical, Cheeseburger o Pancakes. Todo por 25 euros.

El Café Óliver fue el pionero el lanzar el brunch en Madrid
El Café Óliver fue el pionero el lanzar el brunch en Madrid

Además, como no podía ser de otra manera, en el Café Óliver no podía faltar el champagne, que siempre ha acompañado el establecimiento  pues Karim provenía de este sector al que tiene cariño y apego cultural. “Los clientes tienen la opción de poder pedir una copita de champagne para empezar las comidas o las cenas, o una botella para acompañarlas”.

Pero también, una carta de 50 referencias de vino, “ahora intento buscar diferentes etiquetas para que la gente descubra nuevas referencias, los vinos más conocidos y típicos ya los tienen en todos los sitios”.

Y de postre, pedimos un tradicional bomba de chocolate, “ya los teníamos antes y muchos clientes se acuerdan”, nos comenta, “los amantes del chocolate, no pueden perdérsela, la hacemos nosotros mismos, ¡claro!”. También tienen otras propuestas más originales como un tiramisú servido en copa y que lleva peta zeta, que suele sorprender y gustar mucho al que lo prueba. “Son postres caseros, dulces, pero que no empalagan”, añade. Y por supuesto, tarta tatin de manzana, otros de los platos obligados.

La bomba de chocolate es un postre mítico de Café Óliver. Hay que pedirla con tiempo pues tarda en elaborarse
La Bomba de chocolate es un postre mítico de Café Óliver. Hay que pedirla con tiempo pues tarda en elaborarse

Aquello me sabía como en casa. Si hubiese cerrado los ojos, hubiese dicho que estaba en El Café Óliver de Conde de Xiquena. Respire tranquila. El alma del mítico Café seguía viva en aquel establecimiento.

Precio medio: 30 euros. Menú del día 12 euros. Brunch 25 euros (domingos de 11h a 16h)

Dónde: C/ Ventura de la Vega, 11

Tel.: 91 521 73 79

Web: http://www.cafeoliver.com/

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1 thought on “El ALMA DEL CAFÉ ÓLIVER SE MUDA AL BARRIO DE LAS LETRAS”

  1. … como diría no sé quién: que cuando muera esparzan mis cenizas por el Oliver, en donde tan buenos momentos pasé…vivía y trabajaba en las salesas, qué buen sitio tan especial y tan cool y tan ideal y el gymfix de todos los días, la charla, todo… tendré que visitarles en su nueva ubicación, gracias por es post

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